Agresiones de mascotas en Propiedad Horizontal

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Señaló la Corte en la citada sentencia T-595 de 2003 que, el propietario de un perro o animal doméstico debe tomar las medidas y precauciones necesarios para evitar la vulneración de derechos fundamentales de quienes puedan llegar a verse afectados por agresiones de sus mascotas, haciéndose responsable por los daños y perjuicios que pueda causar tanto en las cosas como a las personas, en los términos del Código Civil.

 

Ahora bien, las restricciones a los derechos del libre desarrollo de la personalidad y a la intimidad personal y familiar frente a la tenencia de animales domésticos en inmuebles sometidos a propiedad horizontal, estos deben ser razonables y bajo criterios de bienestar del animal, seguridad de los vecinos, observancia del debido proceso en toda decisión que se tome, procura de la convivencia pacífica, e higiene, por lo que es posible, exigir el respeto a las condiciones de protección de los animales durante su tenencia, según la Ley 84 de 1989, lo cual implica que los órganos de administración pueden exigir:

 

  1. Que se garantice la vida, la promoción de la salud y el bienestar de los animales, su deber de cuidado en cuanto a sus necesidades de movilidad, luminosidad, aireación, aseo e higiene o de abrigo, suministro de bebida y alimento, así como de medicinas y cuidados indispensables para mantener al animal con buena salud y sin enfermedades, incluso un control razonable al número de animales que se tengan en la unidad privada, e igualmente.
  2. Exigir que se recojan las excretas, y
  3. En caso de agresiones, exigir las medidas pertinentes, pero tampoco, se pueden imponer condiciones abusivas o arbitrarias como serían, no permitir el uso de ascensores, o el paso de las mascotas por las porterías, o exigir un absoluto mutismo de las mismas.

 

Además, queda claro que el animal no podrá efectuar actos de agresión grave contra vecinos o contra otros animales de compañía o bienes comunes, el número que se alberga en una unidad privada sea razonable y en general, que no perturbe la convivencia normal.

Sin embargo, no podrá tener como agresión aquella que surja de provocación o agresión al animal por parte de vecinos u otros especímenes animales.

Higiene y deber de recoger excretas a las mascotas

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El animal no hará sus necesidades en áreas de uso de los copropietarios, o estas deberán recogerse. En caso contrario, varias disposiciones contemplan severas multas contra los infractores. A saber:

 

La Ley 746 de 2002 señala en su Artículo 108-D: “Queda prohibido dejar las deposiciones fecales de los ejemplares caninos en las vías, parques o lugares públicos. Los propietarios o tenedores de los ejemplares caninos son responsables de recoger convenientemente los excrementos y depositarlos en bolsas de basura domiciliaria, o bien en aquellos lugares que para tal efecto destine la autoridad municipal. Parágrafo. Los propietarios o tenedores de ejemplares caninos que no recojan los excrementos en los lugares señalados en el inciso anterior, tendrán como sanción impuesta por la autoridad municipal competente, multa de cinco (5) salarios mínimos diarios legales vigentes o sanción de uno (1) a cinco (5) fines de semana de trabajo comunitario consistente en limpieza de los lugares que la respectiva alcaldía municipal defina. En caso de renuencia, se impondrá arresto inconmutable de tres (3) a cinco (5) días: la autoridad municipal procederá a trasladar el caso a la autoridad competente para conocer el caso y aplicar la sanción respectiva.”

 

En Bogotá se había dictado, entre otras, la RESOLUCIÓN No. 001095 Dic. 6/99, que dice en su Art. 3º: Todo propietario, poseedor, o tenedor de un animal que transite con el dentro del perímetro urbano deberá recoger en bolsa plástica la materia fecal de éstos, con el fin de evitar la contaminación ambiental y las posibles zoonosis que se puedan transmitir por este medio físico, acorde con el Artículo 54 del Decreto 2257 de 1986.

 

Se busca educar a los propietarios, puesto que la presencia de excrementos resulta ser desagradable y antihigiénica a todas luces, e incluso, genera hostilidad o animadversión contra los animales, que son los menos culpables, como si lo son, sus –a veces- indisciplinados e irresponsables dueños.

Posibilidad de Movilidad de Mascotas en la Copropiedad

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No existe razón para prohibir el desplazamiento de las animales de compañía en ascensores o determinadas áreas comunes, mientras no agredan a los habitantes o hagan sus necesidades fisiológicas en las mismas que no sean recogidas.

 

Se estableció en la Ley 746 de 2002, que en las zonas comunes de propiedad horizontal o conjuntos residenciales, los ejemplares caninos debían ir sujetos por una traílla y adicionalmente, provistos de bozal cuando se trate de perros potencialmente peligrosos. En igual sentido, el Código de Convivencia de Bogotá art. 34. La exigencia de uso de collar, lejos de ser restrictiva, genera seguridad para el animal, en la medida que es muy difícil que se extravíe o sea robado si va controlado por su dueño, seguridad a las personas y animales, pues se evitan agresiones o incluso, realizar deposiciones en sitios inconvenientes.

 

En cuanto a los ascensores, el fallo C-439-2011 la Corte Constitucional recordó que se exige la compañía del dueño o de un tercero mayor de edad, mas no se puede prohibir su uso:

 

“De esta forma, la Corte garantizó la tenencia de animales domésticos en sitios de habitación como un justo ejercicio de los derechos fundamentales del tenedor de la mascota, pero ajustado a límites racionales que fueron posteriormente definidos en la Ley 746 de 2002, por la cual se prescribió que los animales domésticos en las viviendas urbanas requieren que las condiciones de su alojamiento se den en un ambiente higiénico y sanitario, así como que los alimentos y custodia sean los adecuados para que no se produzca ninguna situación de peligro o incomodidad para los vecinos u otras personas y para el bienestar del propio animal. De igual forma, se exigió la compañía del dueño o de un tercero mayor de edad en ascensores o edificaciones;además se estableció que en las zonas comunes de propiedad horizontal o conjuntos residenciales, los ejemplares caninos debían ir sujetos por una traílla y provistos de bozal cuando se trate de perros potencialmente peligrosos;…”.(Se resalta extratexto).

 

En el mismo sentido, se había pronunciado la Corte en otras ocasiones, por ejemplo, en la Sentencia T-595 de 2003, recordando que el desplazamiento en los elevadores por parte de mascotas debe hacerse en la compañía de un mayor de edad o su dueño:

 

“También se exige la compañía del dueño o de un tercero mayor de edad en ascensores o edificaciones; además, en las zonas comunes de propiedad horizontal o conjuntos residenciales, los ejemplares caninos deberán ir sujetos por una traílla y provistos de bozal cuando se trate de perros potencialmente peligrosos; las anteriores exigencias también aplican cuando el animal pasee en vía pública, en algún medio de transporte o en los lugares abiertos al público donde sea permitida su estancia.” (Se resalta extra texto).